UN LUNES EN PARIS…
El lunes 19 llegamos como todos los días al instituto “ La Fontaine du Ve” cargados de nuevas vivencias y experiencias que contar a nuestros compañeros después de haber pasado el domingo separados.
Aquel lunes debíamos ir a París, como segunda vez, y digo esto porque el sábado habíamos tenido la oportunidad de ir todos juntos con nuestros correspondientes franceses.
Casi todo el mundo llegamos a las ocho de la mañana y cuando nuestros “colegas” franceses se iban a sus respectivas clases, nosotros nos dividimos en dos grupos ( 4º y 3º de la ESO). Tuvimos que esperar hasta las 10:00 para poder marchar y nos entretuvimos en la sala de informática, otros en la biblioteca y un grupo muy reducido optó por dar un paseo por Sézanne.
A la hora prevista, un autocar nos esperaba en la entrada… ¡ Nos íbamos a París!
El trayecto duró aproximadamente dos horas que no se hicieron demasiado largas gracias al sueño que algunos arrastrábamos.
Nuestro día iba a ser ajetreado:
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Visita a Notre Dame
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Visita al museo de El Louvre
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Subida a la Torre
Eiffel
Llegamos primero a Notre Dame e hicimos cola para poder entrar. La fachada de la catedral estaba abarrotada de gente.
Poco a poco fuimos entrando y nos quedamos anonadados de la suntuosidad del interior pese a que por fuera nos había impactado mucho más la catedral de “ Reims”.
Una vez acabada la visita, disponíamos de aproximadamente tres horas para comer y comprar lo que quisiéramos en las tiendas de alrededor.
Pasadas las tres horas, volvimos al autocar: destino al museo.
Lo primero que hicimos nada más llegar fue buscar los baños, pero al haber mucha gente, algunos nos quedamos sin ir en aquel momento.
Subimos muchas escaleras, sacamos muchas fotos, nos tropezamos con mucha gente e incluso tuvimos que empujar a más de uno para poder contemplar el cuadro de “ La Gioconda” de Leonardo Da Vinci. A algunos nos decepcionó un poco debido a su pequeño tamaño, cosa que no
esperábamos.
Después fuimos a la sección de Egipto.
Sin embargo, pese a que teníamos muchas ganas de ver todo el museo, el tiempo se nos echaba encima otra vez. Y así como vinimos, nos fuimos.
Una vez que salimos del museo, nos dirigimos hacia el autobús para ir a la Torre Eiffel.
Fue genial, no tuvimos que hacer mucha cola para poder subir y pudimos subir rápidamente al segundo piso.
¡Menudas vistas!
Lo peor fue bajar, no había casi ascensores vacíos y tuvimos que esperar un rato, pero realmente mereció la pena.
Cuando bajamos, algunos se dirigieron a comprar algo y otros al baño, poco a poco el sol iba ocultándose y las luces de la ciudad comenzaron a encenderse lentamente.
Ya dentro del bus pudimos contemplar la magia de París al atardecer.
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